jueves, 4 de julio de 2013

EE.UU. y América Latina ¿cómo deben ser sus relaciones?

Por Juan González

Las relaciones de América Latina con Estados Unidos (EE.UU.) se configuraron en base a la Doctrina Monroe que expresa: “América para los Americanos”. Al plantear esta doctrina en la primera mitad del siglo XIX, EE.UU. como potencia emergente dejaba delimitado su área de influencia  ante las potencias europeas de aquel momento.
Con la Doctrina Monroe  América Latina quedó subordinada a  EE.UU. en un proceso que inició con la  expansión hacia el sur a través  de la Guerra México-Americana en la que arrebató aproximadamente el 50% del territorio al país azteca.  Así  como la Guerra hispano- Americana de 1898 en la que EE.UU.  derrotó a España y se quedó con el control de Cuba y Puerto Rico.

En el ámbito financiero, varios  países de la región que habían tomado préstamos a las potencias europeas para organizarse luego de la independencia estaban bajo amenaza de invasiones  al  no poder cumplir con sus compromisos crediticios.  En 1862 las tropas francesas invadieron a México  por la cesación de pagos. Aunque Venezuela  no fue invadida en 1902  las tropas británicas bloquearon sus puertos.  Ante esta situación EE.UU.,  decidió comprar los títulos que tenían  los europeos con deudas de América Latina para aumentar su control sobre la región.

Desde el final del siglo XIX, EE.UU., ha  promovido reuniones e  instituciones de carácter continental para mantener a la región apegada a sus valores  y bajo su dominio: la Conferencia Panamericana,  la Organización Panamericana de la Salud (OPS),   la Organización de Estados Americanos (OEA), el Banco Interamericano de Desarrollo (BID),  la Cumbre de las Américas, entre otras.

Con el surgimiento de la Guerra Fría y la posterior Revolución Cubana  en 1959,  algunos países latinoamericanos  pidieron a EE.UU.  revisar sus  relaciones con  la región.  Planteaban que estas solo  se circunscribían a lo jurídico, político y militar, pero excluía las cuestiones económicas y sociales.

Los reclamos aumentaron con la  visita del Vicepresidente de EE.UU.,  Richard Nixon  en 1958  a Caracas y Lima, que inicialmente incluía siete países  pero las protestas escenificadas en estas dos ciudades por la llegada del segundo hombre al mando del gobierno estadounidense  varió  la agenda.

Ese momento de enfriamiento en las relaciones de EE.UU. y AL fue aprovechado por el Presidente de Brasil, Juscelino Kubitschek, para proponer la Operación Panamericana.  Una propuesta que se inspiraba en la Plan Marshall, implementado por EE.UU. para reconstruir varios países de Europa devastados por los efectos de la Segunda Guerra Mundial. 

La Operación Panamericana sirvió de paradigma al Presidente de EE.UU. John F. Kennedy para lanzar en 1961 la Alianza por el Progreso, en Punta del Este, Uruguay.

La Alianza por el Progreso fue  el más ambicioso proyecto de ayuda y cooperación de EE.UU. hacia América Latina. Contemplaba el desarrollo de infraestructuras, educación, salud, promoción de la democracia, libre comercio y la implementación de  una  reforma agraria en cada uno de los países.  Sin embargo, ese gran sueño de cooperación continental no llegó a hacerse realidad, lamentablemente  se fue a la tumba con el Presidente Kennedy.

En estos momentos las relaciones de EE.UU. y América Latina se encuentran en una situación similar a la que se vivió después de la Revolución Cubana. 

La influencia de EE.UU. en la región se ve amenaza por la presencia de China.  El  año 2000 el intercambio comercial entre China y América Latina fue de tan solo $10 mil millones de dólares y en la actualidad supera los $200 mil millones de dólares.  

Otro ejemplo,  es que China  se ha convertido en el principal socio comercial de Brasil, desplazando a EE.UU.  Además, debemos agregarle la concesión dada a una  empresa de China para construir un canal interoceánico en Nicaragua similar al de Panamá  con una inversión estimada en 40 mil millones de dólares.  

En mayo del 2013,  el Presidente de EE.UU., Barack Obama  y su Vicepresidente Joe Baiden, realizaron visitas puntuales a América Latina. Barack Obama, se reunió con el  Presidente de México, los presidentes de los países centroamericanos y el de la República Dominicana, teniendo como temas de agenda principalmente,  el comercio y el narcotráfico. 

Mientras que Joe Biden, realizó su periplo por  Suramérica (Colombia, Brasil y Trinidad y Tobago) para tratar la situación post-electoral de Venezuela, los acuerdos de paz con la guerrilla (Colombia)  y el intercambio comercial.

EE.UU. mantiene un déficit comercial anual que se aproxima a los 450  mil millones de dólares y quiere reducirlo ampliando su intercambio comercial con la región que posee un mercado con más de 500 millones de consumidores.

Las relaciones de EE.UU. con América Latina no deben centrarse únicamente en el comercio, en los temas migratorios  y en el combate al narcotráfico, es necesaria una nueva “Alianza para el Progreso” que impulse el desarrollo de la región.

EE.UU. será el mayor beneficiario del progreso de América Latina porque recibirán menos inmigrantes, venderán más productos a la región,  tendrán más seguridad en las fronteras, se reducirá el flujo de drogas y podrán tener acceso a recursos humanos de alta calificación.  

Finalmente, pienso que EE.UU. debe de dejar de considerar a América Latina su patio trasero y cultivar una vecindad armoniosa que descanse en el respeto a la soberanía y en la no injerencia de los asuntos interno de los países de la región. América Latina y EE.UU. tienen intereses comunes que deben preservar y cultivar mediante la cooperación.


El autor es politólogo, analista de temas internacionales. 


1 comentario:

Mario dijo...

Me importa conocer las relaciones políticas entre los distintos países. Por eso trato de viajar mucho y recorrer las naciones del continente. El ultimo verano pude obtener pasajes a brasil y conocer una nación que creo esta creciendo mucho en los últimos años