sábado, 27 de marzo de 2021

La búsqueda de autonomía en el nuevo plan quinquenal de China

PROJECT SYNDICATE 

La reunión de este año de la Asamblea Popular Nacional de China, máximo órgano legislativo del país, fue una de las más importantes en tiempos recientes. China enfrenta el entorno externo más hostil en décadas, ahora que cada vez más países le cuestionan la represión política y la diplomacia coercitiva. Y la necesidad de reformular el modelo de desarrollo económico es más urgente que nunca. Aunque la dirigencia china evite cualquier mención de la «trampa de los ingresos medios», es evidente que está decidida a no caer en ella.

Para responder a los desafíos que le aguardan, China ha cifrado sus esperanzas en el 14.º Plan Quinquenal que se aprobó oficialmente en la reunión antedicha, y que busca mantener a China en el camino hacia su gran objetivo a largo plazo (también reafirmado en la asamblea) de convertirse en un «país socialista moderno» (con un nivel de ingreso per cápita comparable a la OCDE) de aquí a 2035.

Aunque la expresión «plan quinquenal» puede sonar a metas de producción y cuotas de carbón, acero o cereales, hace más de veinte años que China no publica un documento de esas características. En algo más de 140 páginas, el 14.º Plan Quinquenal expone una amplia variedad de objetivos y metas de carácter económico, social, tecnológico y ambiental, pensados para guiar la actuación de gobiernos de nivel local, empresas, instituciones y ciudadanos.

Esto incluye, claro está, metas de producción de cereal, pero sólo en el contexto de una estrategia mucho más amplia, en la que se da cada vez más importancia al vínculo entre la economía y la seguridad nacional.

El presidente chino Xi Jinping considera que la seguridad nacional no depende solamente de tener un ejército moderno (que China planea crear a lo largo de la próxima década) y «estabilidad social» interna (un tema central del liderazgo de Xi). También se necesitan acciones en áreas como la producción de alimentos, los recursos naturales, el comercio, las cadenas de suministro y la tecnología.

Por eso el nuevo plan quinquenal incluye metas vinculantes no sólo en lo referido al gasto militar, sino también en cuanto a producción de granos, inversión en investigación y desarrollo, y crecimiento del sector digital. Además, fija ambiciosos objetivos de liderazgo chino en sectores de avanzada como inteligencia artificial, computación cuántica, semiconductores, neurociencia, genética y exploración espacial, marina y polar.

En cuanto al medioambiente, el Plan incluye metas vinculantes respecto de la reducción de emisiones de CO2 y la intensidad de energía por unidad de producción. Pero son insuficientes, lo que hace dudar de la capacidad de China para cumplir el compromiso previamente anunciado de detener y revertir el crecimiento de las emisiones de gases de efecto invernadero a partir de 2030 y lograr la emisión neta nula en 2060.

Por primera vez en la historia el plan quinquenal no incluye una meta de crecimiento del PIB para el período. En vez de eso, el gobierno se compromete a mantener un crecimiento anual «razonable y adecuado» (lo que para el primer ministro Li Keqiang significa «por encima de 6%» en 2021) y agrega una serie de metas no vinculantes referidas a otras variables económicas.

China se concentrará en implementar una «estrategia de doble circulación», consistente en reducir la dependencia de la demanda externa y aumentar la autonomía. Aunque esto no implique restar jerarquía a las exportaciones, el gobierno reforzará la sustitución de importaciones y adoptará medidas de protección de las cadenas de suministro, sobre todo allí donde haya una participación importante de empresas estadounidenses. En particular, los planes de China incluyen estimular el consumo interno de los bienes que produce. Es indudable que la preocupación por la seguridad nacional ha tenido un papel central en la definición de esta estrategia.

Hay otras áreas cruciales donde el gobierno chino también tiene planes de reforma, pero en muchos casos carecen de credibilidad. Por ejemplo, las autoridades quieren impulsar una revitalización rural y resolver los problemas de desigualdad, pero no se han comprometido a implementar intervenciones cruciales como la redistribución de ingresos y riqueza, la reforma impositiva y la modernización del fragmentado y muy deficiente sistema de seguridad social chino, que obstaculiza la movilidad de la mano de obra. Además, el plan no dice nada sobre la apertura de las industrias de servicios.

Un factor de desigualdad que el gobierno de China sí planea enfrentar es el sistema de registro de residencia «hukou», que ata a las personas a sus localidades de origen y a menudo impide a los trabajadores migrantes acceder a educación, atención médica y otros servicios sociales. El nuevo plan quinquenal busca abolir o aliviar restricciones en las ciudades pequeñas y medianas, y crear un sistema de puntos en las ciudades grandes.

Pero los elevados costos y una fuerte resistencia obstaculizaron los pasados intentos de reforma del sistema hukou (muchas veces se eliminaron restricciones para poner en su lugar otras nuevas). Hay que ver si esta vez sucederá lo mismo.

El gobierno de China también quiere alentar una «tasa de natalidad adecuada» para resolver el riesgo de desaceleración económica derivado del envejecimiento poblacional. Y hay propuestas para una suba gradual de la edad legal de retiro, que hoy es baja. Ambas reformas son muy necesarias; pero los planes actuales para su implementación no son suficientemente detallados.

Finalmente, el gobierno de China dará alta prioridad a su estrategia de ciencia y tecnología mediante un programa de 1,4 billones de dólares para darle al país autonomía en el área de las tecnologías avanzadas. Para ello es esencial la provisión de semiconductores, ya que son el núcleo de esas tecnologías.

Pero la situación actual de China en la materia no es buena. Hoy la producción nacional es capaz de satisfacer apenas el 16% de la demanda interna de chips (por lo general de nivel básico) y el país gasta más por las importaciones de semiconductores que por las de crudo. Esto es motivo de preocupación creciente en China frente a la campaña de presión económica liderada por Estados Unidos, que incluye sanciones, controles a las exportaciones y vigilancia de las inversiones.

El problema de China es que a pesar de ser el principal fabricante del mundo, tiene debilidades en una serie de áreas clave, por ejemplo componentes básicos, materiales y tecnologías avanzadas. Como señaló a principios de este mes el ex ministro chino de industria y tecnología de la información Miao Wei, estas debilidades implican que al país todavía le faltan al menos 30 años para llegar a ser una «gran potencia» industrial.

El progreso hacia la provisión autónoma de semiconductores será una importante prueba de la capacidad de China para alcanzar sus objetivos generales. Y el éxito en este sentido dependerá en gran medida de que la dirigencia sea capaz de reconocer los límites de un modelo basado en el autoritarismo, el dirigismo y el control social. Estas modalidades, componentes centrales del estilo de gobierno de Xi, sirvieron para controlar la crisis de la COVID‑19. Pero ante el avance de la economía digital y basada en la información, el único camino para un país con el nivel de desarrollo de China pasa por la transparencia, la apertura y la flexibilidad institucional.

Traducción: Esteban Flamini

 


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