lunes, 21 de febrero de 2011

Egipto: en política también pueden ocurrir milagros


ULRICH BECK

Qué tienen en común el levantamiento en Túnez y el levantamiento en Egipto con la caída del Muro de Berlín? No sólo sucedió y está sucediendo algo que nunca se predijo y que era imprevisible, sino que más bien sucedió y está sucediendo lo inimaginable .

La filósofa política Hannah Arendt llamó “milagro de la acción política” a la posibilidad irreductible, presente siempre y en todo lugar, de poder empezar de nuevo . Y no quiso que se entendiera ese milagro como una metáfora sino como una posibilidad real de acción de la que siempre se puede hacer uso, incluso allí donde se pisotean los derechos y la dignidad de los seres humanos.

Realmente se puede reconocer toda una serie de paralelismos entre el 1989 europeo y el 2011 árabe.

En ambos se trata, en primer lugar, de levantamientos pacíficos ; en segundo lugar, de una concatenación de acontecimientos transnacionales y, en tercer lugar, en ambos casos los regímenes habían/han llevado al país a la ruina . En cuarto lugar, en Alemania Oriental, la gente se veía privada de oportunidades (por ejemplo, de la libertad de circulación) tanto como la juventud árabe que a pesar de tener una buena formación se encuentra sin posibilidades en el mercado laboral. En quinto lugar, tanto en el mundo árabe como en Alemania, la gente quiere lo mismo que la mayoría de la gente en Occidente: una vida mejor para sí y para sus hijos, más justicia social, puestos de trabajo y libertad de expresión, resumiendo: una vida digna.

En sexto lugar, tanto en el bloque oriental europeo como en los países árabes -en Polonia especialmente la Iglesia Católica, pero también en Alemania Oriental la Iglesia Evangélica y en Egipto la Hermandad Musulmana-, la religión genera importantes refugios sociales en los que la resistencia se podía encontrar y organizarse.

En séptimo lugar, sin embargo, existe una diferencia esencial en lo siguiente: la caída del muro de Berlín se celebró y festejó en todo el mundo, aunque también en ese caso existieron recelos y temores . Al igual que el presidente francés, François Mitterrand, la premier británica Margaret Thatcher veía amenazada la estabilidad de Europa por el poder de una Alemania unificada en su centro. (La introducción del euro constituyó, después de todo, el intento de encontrar la respuesta a ese desplazamiento de poder y de integrar a nivel europeo el nacionalismo ligado al marco alemán o DM-Nationalismus.) Pero en todas partes, en todas las mentes y gobiernos, la alternativa política estaba, sin lugar a dudas, presente. Porque después de todo se trataba solamente de cómo y no de si integrar los países y Estados poscomunistas al sistema del capitalismo democrático y posteriormente a la UE. Pero en el caso de Egipto está faltando justamente esa alternativa clara.

Más allá del desenlace del levantamiento en Túnez, Egipto y posiblemente en otros países árabes, ese levantamiento ya ha modificado la imagen que el mundo árabe tiene de sí mismo . Existen buenas razones para suponer que la era del poscolonialismo , en la que la “democracia” obedecía en el ámbito árabe a la ley de poner en práctica el imperialismo occidental que aún perdura, está llegando a su fin .

En este sentido se puede entender el levantamiento árabe también como una protesta paradójica en nombre de valores occidentales contra el dominio todavía vigente de Occidente.

Esto se puede ver en el rol del ejército egipcio : tuvo una participación decisiva en la apertura de Egipto al mercado mundial, pero al mismo tiempo también la tuvo en la protección del gobierno autoritario de Mubarak contra los reclamos de participación democrática.

Muchos egipcios no sólo salieron a las calles para luchar por su independencia del señor Mubarak.

También lo hicieron en favor de su independencia de los EE.UU. y de sus aliados. Un Egipto posrevolucionario podría seguir el modelo de Turquía tanto desde el punto de vista de la política interna como externa.

Una diferencia esencial entre los sucesos de 1989 en Europa y los de 2011 en el ámbito árabe se encuentra en el hecho de que Europa, paralizada y mal conducida por una islamofobia, no quiere entender que también (al menos hasta ahora) hay una serie de perdedores anónimos de la revolución árabe y esos son, en primer lugar el fundamentalismo islámico, hasta Al Qaeda; y, en segundo lugar, el coro de críticos fundamentalistas del fundamentalismo islámico.

Porque, en el fondo, no se trata justamente de una revolución teológica sino de una revolución demográfica.

No fue el islamismo radical sino la falta de trabajo de las personas con una buena formación y de los activistas conectados vía Facebook, la que hizo latir el corazón de esta protesta.

Dirijan su mirada a Egipto: ¿no es una prueba viviente de la compatibilidad entre el Islam y los valores occidentales?

Traducción: Rayén A. Braun.

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