lunes, 25 de enero de 2010

El poder de los BRIC asombra pero todavía no transforma al mundo

EL CRONISTA.COM
ALAN BEATTIE ()

Tras una década de rápido crecimiento, el grupo compuesto por Brasil, Rusia, India y China, es sinónimo del avance de los mercados emergentes. Pero se necesitará aún una mejora cualitativa y un mayor crecimiento para que pasen a liderar la economía mundial, superando a Estados Unidos y a Europa occidental.

Si se coloca en un mismo lugar un jaguar, un oso, un tigre y un panda, es probable que haya un buen espectáculo, pero no una vida tranquila.

El grupo BRIC, compuesto por Brasil, Rusia, India y China, se convirtió en sinónimo del avance de los mercados emergentes dentro de la economía mundial. Y después de una década estelar, los BRIC tuvieron mayormente una buena crisis de la que ahora están saliendo rápidamente.

Goldman Sachs, el grupo financiero que inventó la categoría, reconoce que China quizás se convierta en la economía más grande del mundo antes de 2030. Juntas, las economías de los BRIC podrían bien superar en 2032 la producción del Grupo de los Siete países ricos, que ha dominado la gestión de la economía mundial.

Los BRIC ya representan una proporción del comercio mundial superior a la de Estados Unidos. China, que probablemente el año pasado haya sido el mayor exportador de mercaderías del mundo, fue complementado por las ventas de software y soporte en general desde India, el petróleo y gas de Rusia y el dominio de una cantidad de mercados de commodities por parte de los supercompetitivos agricultores de Brasil.

Mientras las acciones de los países del G7 tenían dificultades para mantenerse en territorio positivo en los últimos cinco años, los precios de los papeles en el grupo BRIC –aunque registraron una pronunciada caída y una rápida recuperación durante la crisis financiera global– terminaron la década duplicando el valor que tenían en 2005. Los índices accionarios de los BRIC registraron alzas y los fondos atrajeron gran cantidad de inversores.

Por lo tanto, mientras el mundo emerge de la recesión, ¿es éste un momento de transformación en el que está decididamente cambiando el centro de gravedad de la economía mundial y su gestión? ¿Es éste un punto crucial como la fue la Segunda Guerra Mundial, donde Estados Unidos, seguro e innovador, se alejó de las economías europeas debilitadas y altamente endeudadas y rehizo la arquitectura financiera global? Y, en lo más inmediato, ¿los consumidores de los Brics están a la altura de la tarea de reequilibrar la economía mundial reemplazando a sus codiciosos pares norteamericanos?

La respuesta más probable es: “Aún no”. No sólo se trata de un grupo de países tan dispares que casi cualquier generalización es complicada, sino que China –sin duda, el miembro dominante del cuarteto– aún parece casado con un modelo económico que depende de la demanda de otros países.

“Las denominadas economías emergentes, aún algunas como Bangladesh, sin duda son participantes de la escena global”, dijo Jean-Pierre Lehmann, profesor de economía política en el Escuela de Administración IMD en Lausanne, Suiza. “Pero no veo ningún gran cataclismo en los próximos 10 años, ni que el centro financiero se mude definitivamente al este”, agregó.

Al igual que una pandilla callejera, los Brics casi podrían haber sido elegidos por sus distintas capacidades y no por sus similitudes. El tamaño de China y su apertura para comercializar le permite tener una influencia económica igual a la suma del resto de los miembros del grupo. Markus Jäger, del Deutsche Bank, dice que el hipercompetitivo exportador de manufacturas es como un “panda de 800 libras en un bazar”. India, similar en población pero más pobre y económicamente más cerrado, es significativo para los inversores y socios comerciales por su software y servicios a empresas. Brasil, pese a los casos de fabricantes exitosos, sigue siendo uno de los agro-exportadores más eficientes del mundo; Rusia, después de los flojos intentos por diversificarse, esencialmente sólo vende petróleo y gas.

La historia de su rápido crecimiento es familiar, pero dramática. Una década atrás, sólo uno había obtenido la calificación de investment grade; ahora todos la tienen. Hace sólo 12 años, un default de la deuda rusa y la crisis cambiaria en Brasil convulsionaron la economía mundial; hoy, tienen acumuladas vastas reservas de divisas.

Los BRIC aportaron la mitad del crecimiento mundial entre 2000 y 2008, mucho más que en la década anterior. Sin embargo, junto con este crecimiento se produjo un fuerte desequilibrio de la economía mundial.

El modelo de expansión chino basado en fuerte inversión y enormes exportaciones acompañó los enormes superávits comerciales en todo el este asiático, cuya contracara fue el déficit de la cuenta corriente en Estados Unidos. Y pese a que hizo lo suyo para mantener el crecimiento económico durante la crisis, no queda claro si el gigante oriental hizo un giro hacia la demanda de consumo, algo que sí debería lograr un verdadero motor de crecimiento mundial.

Con bombos y platillos, Beijing anunció un paquete de estímulo de u$s 585.000 millones en noviembre de 2008 y aflojó el crédito bancario. Pero no queda claro que sea capaz de crear crecimiento autosustentable. En cambio, entregando efectivo a los consumidores para que gasten –una medida que podría también haber impulsado las importaciones– una gran parte del estímulo fue al viejo favorito, la inversión fija. “Si la demanda global no se recupera a tiempo, o las medidas de estímulo no generan un optimismo espontáneo, China podría terminar creando un exceso de capacidad”, explicó Jäger.

Razeen Sally, experto en comercio de la London School of Economics, señaló: “Las intervenciones chinas tuvieron el efecto de reforzar los problemas y desequilibrios existentes. Vamos a ver mucho exceso de capacidad en las industrias orientadas a las exportaciones, tales como la siderúrgica, exactamente en el momento equivocado”.

El haber atado nuevamente el yuan al dólar en 2008, después de tres años en los que se permitió que el tipo de cambio fuera subiendo, tampoco ayudó a que la economía china dejara de basarse en las exportaciones para hacerlo en la demanda de los consumidores. El efecto de esa decisión se multiplica debido a las acciones similares tomadas por muchos países del mercado emergente, que mantienen bajas sus propias monedas por miedo a perder competitividad ante China.

En realidad, si bien la reducción mundial de la demanda de consumo disminuyó el nivel absoluto del superávit comercial de China durante la crisis, con menos barcos trasladando juguetes y iPods desde Shenzhen y Shanghai, China siguió ganando participación de mercado en el exterior. El Fondo Monetario Internacional y otros reconocen que la economía global aparentemente se volvió a equilibrar durante el último año pero que eso es temporario. Cuando la demanda crezca, también lo harán las exportaciones chinas, junto con los viejos superávits y déficits.

Pese a los bolsillos generosos, China no se convirtió en una gran economía de consumo en la última década. Su tasa de ahorro creció durante la década. Si bien gran parte de ese incremento reflejaba el ahorro de las empresas, el de las familias también aumentó y una mayor proporción del ingreso nacional fue a las compañías y no a los consumidores.

Una encuesta elaborada el año pasado por el McKinsey Global Institute respalda lo que muchos economistas hace tiempo afirman: que la falta de una red de seguridad social constituye una de las principales razones por las que las familias chinas ahorran. Los tres mayores motivos son: necesidades de educación, seguridad en caso de enfermedad y cuidado de los padres. Llevará tiempo cambiar factores estructurales tan arraigados como ese. Tampoco se logrará simplemente dejando que el yuan se aprecie.

En cuanto a los otros BRIC, cuya tasa de crecimiento es inferior a la china, es probable que por un tiempo no tengan un impacto perceptible sobre la demanda global. Si bien la expansión de Brasil y la India no cesó durante la crisis, la primera es una economía relativamente madura con menos margen para el crecimiento rápido; la segunda tiene un peor desempeño y sufre crónicos problemas con las finanzas públicas y una tasa de ahorro familiar aún superior a la china. Mientras tanto, Rusia, cuya economía se contrajo fuertemente durante la recesión global, sigue dependiendo de los precios del petróleo.

Una década de crecimiento rápido no es suficiente para que los BRIC pasen a liderar la economía mundial, superando a Estados Unidos y Europa occidental. Este grupo de países, o algunos de ellos, quizás hayan asombrado al mundo con su progreso durante los últimos 10 años. Pero se necesitará una mejora cualitativa y un mayor crecimiento para consolidar ese cambio de poder.

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