
Radio Nederland
Martijn van Tol
Trabajadores inmigrantes de Asia, África y América Latina sopesan sus opciones en el contexto actual de crisis, con el incremento del desempleo y en un clima político cada vez más frío Algunos hacen las maletas y se marchan. Pero un grupo más grande se queda y lucha para poder seguir enviando dinero a sus familias en los países de origen.
En Canadá, Sachin Trivedi hace lo que puede para enviar dinero a su madre en India. Este inmigrante de 37 años manda a casa alrededor de 5.000 dólares al año. A pesar de la recesión económica, Trivedi está determinado a seguir mandando dinero a casa. "Siento que es mi responsabilidad, así que lo hago.
El dinero que envío a mi madre siempre permanecerá", dice. Un par de zapatos nuevoEl flujo de remesas, dinero que envían los inmigrantes a sus lugares de origen, está bajo amenaza. El freno global de la economía sitúa a los inmigrantes ante la inminencia del desempleo y de políticas proteccionistas poco amistosas hacia ellos. A menudo, las familias en los países de origen dependen del dinero que reciben de fuera, una cantidad que a veces supone hasta el 65% de los ingresos del hogar.
Manuel Orozco, experto en remesas de Diálogo Interamericano, explica los efectos del descenso de las remesas en los receptores. "Cuando se enfrenta a tiempos difíciles, la familia lo primero que hará será revisar el presupuesto del hogar, lo que va desde pedir menos pizza a domicilio hasta pensarlo dos veces antes de comprar un nuevo par de zapatos. Si la recesión persiste", añade Orozco, "la familia tiene que recurrir a los ahorros y, cuando los ahorros se terminan, está en una situación grave, se puede hablar de crisis".
La caída del dólarEn general, los inmigrantes intentan recortar sus propios gastos para poder mantener el nivel en la cantidad que envían a sus familiares. No sólo por lealtad sino también porque pagan cantidades fijas en concepto de hipotecas y educación.
En Barranquilla, Colombia, la joven Joana Campo, de 21 años, tiene la posibilidad de ir a la universidad gracias a que su tía que vive en Miami le envía dinero cada mes. Dado que el dólar ha perdido casi el 10% de su valor en comparación con el peso colombiano en el último año, la tía de Joana ha tenido que aumentar la cantidad de dinero que envía a casa. "Tiene que enviar más cada mes para poder soportar la subida del peso, así que eso es lo que hace", dice Campo.
Dinero ‘pegajoso'Pedro da Lima, del Banco Europeo de Inversiones, confirma que lo más probable es que las remesas resistan aunque el crecimiento sea más lento. Da Lima señala que "hay razones específicas que explican por qué la gente emigra a otro país y envía dinero a su lugar de origen. Los inmigrantes quieren mantener el consumo de sus familias, quieren contribuir a la educación de sus hijos o pagar las facturas de salud de sus padres, con lo cual hay una cierta obligatoriedad cuando se trata de las remesas", dice.
Los inmigrantes, los primeros en ser despedidos
La presión sobre los inmigrantes para que hagan las maletas y se marchen aumenta conforme los efectos del decrecimiento económico sobrepasan las leyes de la oferta y la demanda. El proteccionismo florece, así como la búsqueda de un chivo expiatorio en aquellas naciones prósperas en las que la riqueza se ve amenazada.
En el Reino Unido y los Estados Unidos se están implantando leyes que excluyen a los inmigrantes de las solicitudes a un puesto de trabajo, forzando por ley a las empresas a contratar a nativos en primer lugar. Los criterios para la concesión de visados a trabajadores extranjeros se endurecen y las políticas de deportación de inmigrantes sin papeles se aceleran.
Manuel Orozco, de Diálogo Interamericano, así lo subraya: "Muchos empleadores han decidido, en defensa de sus intereses, despedir a gente, y empiezan por los inmigrantes, porque con ellos no hay que ocuparse de cuestiones como los seguros y los subsidios de desempleo. Hay dos opciones con los inmigrantes: los mantienes con una escala salarial más baja, o los despides sin tener que cubrir gastos por subsidios de desempleo a los que los empleadores están obligados en el caso de trabajadores regulares".
En el gran complejo de invernaderos Campos de Dalias, cerca de Almería, al sur de España, los inmigrantes africanos son desplazados por trabajadores españoles que, vistas las cifras de desempleo, ahora sí valoran un largo día de trabajo recogiendo tomates por un salario de 35 euros como una buena oportunidad.
Pero en todo el mundo, los inmigrantes están demostrando ser extraordinariamente resistentes, según Leila Rispens, directora de la ONG INAFI, especializada en micro-finanzas. Rispens asegura que los inmigrantes están dispuestos a trabajar tres veces más para compensar los efectos de la crisis.
Luis Alberto Moreno, director del Banco Interamericano de Desarrollo, comparte la opinión de Rispens y sostiene que "los inmigrantes han demostrado que se adaptan a las condiciones difíciles. Cambian de trabajo, trabajan más horas, recortan gastos, se cambian de ciudad e incluso recurren a los ahorros para poder seguir enviando dinero a sus familias. Volver a casa es, normalmente, el último recurso".
Hay otra razón para quedarse en el lugar donde se esté. Cuanto más difícil resulta entrar en un país, más grande es la posibilidad de que los inmigrantes indocumentados se queden en dicho país, incluso si pierden su trabajo. Con una política migratoria flexible, los inmigrantes pueden entrar y salir conforme a las necesidades del mercado laboral. Pero los gobiernos que defienden políticas migratorias estrictas fomentan, de forma involuntaria, que los inmigrantes sin papeles se queden en el país.
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